Mística
Un esturnudo, se me erizan todos los pelos de la espalda, siento algo, algo que quiere salir, esta vez es imposible aguantarlo, cojo el pañuelo y lo acerco a la nariz, ya viene, y esta vez es más grande, lo suelto todo dentro excepto dos gotas que se caen al suelo, todo es igual pero el de ahora es distinto, se que es distinto, la llamada está cerca, abro el pañuelo lentamente y observo la muestra de flujos, no puede ser, parece increible pero está ahí, si si no puede ser otro, al desplegar completamente el pañuelo se puede ver perfectamente su rostro, el rostro de Jesús.
San Marcos 3.1, Evangelio Nasal



